

En un acto que rompe las barreras de la estigmatización, la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia (IPUC) fue recibida como invitada de honor en la reciente rendición de cuentas del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC).
Más que un evento protocolario, esta invitación es el testimonio vivo del Convenio de Derecho Público 016, una alianza que ha permitido que la luz de la esperanza brille en los rincones más oscuros de las cárceles del país.
El milagro de la resocialización real
Mientras las cifras oficiales hablaban de logística y presupuestos, la presencia de la IPUC recordaba la moneda más valiosa: la transformación de las almas. El convenio no solo otorga un marco legal; representa la mano extendida que llega a donde el Estado a veces no alcanza.
- Restauración de Familias: Detrás de cada interno que abraza la fe, hay una madre que vuelve a dormir en paz y unos hijos que recuperan a un padre transformado.
- Libertad Espiritual: En patios donde antes reinaba el desasosiego, hoy se escuchan cánticos de redención. El INPEC reconoce que la disciplina del espíritu es la herramienta más poderosa para la paz carcelaria.
- Dignidad Humana: La labor de los pastores y voluntarios de la IPUC devuelve al privado de la libertad su identidad de hijo de Dios, recordándole que su pasado no define su futuro.
Un mensaje para Colombia
La participación de la IPUC en esta rendición de cuentas es un mensaje contundente para la sociedad: nadie es irrecuperable. Cuando el orden institucional del INPEC se une con la entrega incondicional de la Iglesia, el resultado no es solo un interno que cumple su pena, sino un ciudadano nuevo que se prepara para servir a la sociedad.
“No entramos a las cárceles solo a visitar presos; entramos a liberar corazones para que, cuando salgan, las puertas de la libertad nunca más se les vuelvan a cerrar.”

